Cada vez son más los medios que crean instancias para corroborar datos, dichos y/o énfasis realizados por personajes públicos. De hecho, un disclaimer: En La Lupa partió siendo un proyecto de fact-checking. Pero la implementación es un gran problema, sobre todo la difusión del contenido se ha transformado en una tarea difícil. ¿Cómo hacer que la gente consuma el contenido y que gane la verdad frente a la divulgación de información falsa? Hay que partir con las bases.

Para empezar, hay que tener claro que es difícil decir si algo es verdadero o falso. Conocido como “el problema de Dios”, es uno de los errores cruciales que se cometen al chequear un contenido. Existen matices en el uso de información que permiten, muchas veces, a quienes dicen atrosidades y no ser desmentidos. Sin embargo, se puede entrar en el detalle de estas zonas grises y así logrando tomar el contexto que se hizo la aseveración.

En un análisis que hizo en En La Lupa en su proyecto original, se revisó gran parte de los modelos y sistemas de verificación de datos existentes en Estados Unidos y Latinoamérica. Una de las más detalladas y fiable (que se ajustaba a una rigurosidad periodística integral) es la que utiliza el programa de CNN, Reliable Sources, conducido por Brian Stelter, que pasa por 10 fases antes de detectar una verdad o mentira.

Si bien, es similar a lo que hace Washington Post y Politifact, el proceso se hace más claro en el programa de Stelter, pasando desde la verdad a la falsedad a través de un gran espectro de posibles resultados, que dependen del contexto y formulación de lo dicho.

La tabla es la siguiente:

  1. Verdad
  2. Minimización del hecho
  3. Exageración de lo sucedido
  4. Desviación del tópico
  5. La mitad es verdad
  6. Omisión de otros factores
  7. Mentira piadosa
  8. Distorción
  9. Falsedad
  10. Mentira

Esta barra (que se ve en la imagen arriba) permite a periodistas, lectores y televidentes tener una perspectiva más precisa de lo que se dice y cómo se dice.

Teniendo la barra de medición de verdad/mentira, la transparencia del proceso es esencial para que los consumidores del producto tengan clara las fuentes de información y la justificación de su uso. Esto porque hoy existe información para beneficiar a todos. Sin ir tan eljos, Politifact hizo transparente todo su proceso, desde la elección del tema hasta cómo se toman las resoluciones finales. Incluso, transparentan la lista de fuentes on-the-récord que utilizan para su trabajo.

Esto último es el otro paso importante de una sección u organización que se quiera dedicar a realizar fact-checking. El uso de fuentes confiables, oficiales y citables. No es llegar y decir que eso no es verdad, aunque sea sentido común. El medio de comunicación tiene que establecer una guía editorial de fuentes confiables, como la Organización de Naciones Unidas, Banco Mundial, Organización Mundial de la Salud, fuentes oficiales del Estado (Datos Abiertos o transparencia) y uno que otro Think Tank.

Además, el ideal es poder comprobar de –al menos– tres fuentes distintas la información. Eso nos da seguridad de la veracidad del dato de manera transversal. Sin embargo, más de alguna vez encontraras dos estudios tengan resultados disímiles, dependiendo del foco de cada institución. Normalmente, en situaciones así, se tiene que revisar las fuentes original y buscar diferencias en las metodologías utilizadas del trabajos, para luego consultar a expertos que puedan medir los posibles errores de alguna de las fuentes utilizadas.

Este puede ser el gran problema en el proceso de verificación de información y puede causar un gran conflicto por el posible abanderamiento por intereses, que la prensa siempre es foco. Por esa misma razón, la transparencia es esencial.

Uno de los errores más comunes que se cometen es la presentación de la información. En la confección y edición del producto periodístico, siempre hay que recordar al lector. Esta pieza periodística no es un reportaje de investigación (aunque muchas veces puede requerir los mismos recursos), una nota breve de un hecho o una opinión sobre el tópico; busca una respuesta rápida, con datos duros, sobre un hecho específico. Por ello, siempre será relevante partir con la respuesta para después desarrollar el artículo.

El ideal es pensar estos artículos como respuesta a una simple búsqueda en internet. Hoy en día es algo natural ir al buscador para resolver dudas y uno tiene que impregnarse de esa realidad. Para alcanzar una mayor propagación del contenido, el título (al menos el que se propaga por la web y no necesariamente el del artículo) tiene que ser una pregunta y una respuesta clara.

Es más, Google –como se muestra en la imagen– permite mostrar las respuestas de manera directa en el buscador. Algunos medios podrán decir que esta opción no les conviene, porque les quita ingresos en términos de lectoría, en largo plazo crea marca y un mejor posicionamiento en general; lo que se traduce, finalmente, en más lectoría.

Tener claras las reglas del juego es esencial para obtener mayor confianza de los lectores y mantener la ética en tópicos controversiales. Y en estos productos, donde el medio tiene que tomar una posición, es primordial tener clara estos liniamientos.

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